martes, 15 de enero de 2013

LIMA CITY: Escape en el Sector I

I
El mundo en desastre

El mundo a vísperas del año nuevo de 2043 tenía como problema principal que la capa de Ozono dejó de existir; los poderosos rayos ultravioleta causaban daño a la piel humana y a todo ser viviente. Los océanos estaban contaminados desde el 2023 cuando el terrorismo internacional había utilizado las peligrosas armas químicas y otros agentes contaminantes hídricos, filtrándolos en mares y grandes lagos en muchas partes del mundo. Una maldad del ser humano para la sola destrucción. Esta hecatombe afectó el recurso más valioso y tan vital para los seres humanos y  seres vivos de toda índole: el agua. Ello trajo consigo la acidificación en los mares, proliferando las bacterias letales que  terminó con la vida de muchas especies marinas especialmente los mamíferos. Los cetáceos gigantes sufrieron los estragos; sus enormes cuerpos yacían varados y putrefactos en muchas playas del mundo. Por tanto, no existían las ballenas azules, grises, yubartas y tantas otras. También las Orcas, fieras en su tiempo desaparecieron, los alegres delfines de todo tipo, los silentes narvales, así como otros mamíferos acuáticos se extinguieron por completo. En consecuencia, los grandes lagos americanos y los mares asiáticos tranquilamente se podían comparar en parte con el famoso mar muerto, carentes de vida útil para los propósitos de la naturaleza. No obstante, las pocas fuentes naturales que no fueron contaminadas eran escasas;  otras lagunas también sufrían aceleradamente dichos efectos.
Cuando los científicos y estudiosos descubrían nuevas fuentes de vida,  éstas eran cercadas por las autoridades para evitar que cualquier persona pudiera acercarse a ella. El líquido vital era valioso, como nunca antes, la gran amenaza era la contaminación y que pudiera agotarse en un futuro cercano; por consiguiente, la vida animal comenzó a sufrir los estragos ante la falta del agua. En la tierra, los efectos de la contaminación de hidrocarburos, vertidos químicos por manos terroristas, el uso de plaguicidas y herbicidas que en contacto con fuentes de agua comenzaron a devastar a la vida animal en el orbe. La extinción de los carnívoros encabezados por los grandes depredadores, leones africanos, tigres asiáticos fue desastrosa, triste e irrecuperable. Los leopardos del Himalaya sobrevivieron a duras penas, quizá bebiendo el agua de los deshielos, pero la escasez de herbívoros y roedores terminó con la última esperanza felina hacía una década. Los mamíferos entre herbívoros y omnívoros murieron por millones en el planeta. Si antes en las escuelas se hablaba de animales extintos, ahora se vivía con horror la extinción a la vista de todo el mundo. Toda una catástrofe para la vida animal afectada por el mismo hombre. En pocos años, las especies y subespecies llegaron a su fin en cada bosque, selva recóndita, sábana abierta, laguna escondida y en fondo marino inexpugnable. Un luto mundial se guardaba ante la desaparición de la inmensa fauna y flora silvestre. En principio, se sumó a la lista, la pérdida y desaparición de los silenciosos búhos; una alerta a los estudiosos, le siguieron los avestruces y enormes aves depredadoras. Después, llegó el turno a los alegres papagayos en nuestra selva;  la lista siguió en aumento con la muerte de otras especies de aves en todas partes. El virus temido cumplía su ciclo de muerte. Sin embargo, la gran sorpresa recayó en el mundo de los insectos; ellos se vieron afectados en un treinta por ciento, los genes microscópicos  y cromosomas de todas las especies se habían mutado y otras terminaron eliminándose entre sí. El resto  de bichos, como ya lo habían predicho los científicos décadas atrás, lograron sobrevivir y se transformaron en nuevas subespecies. Este orden de vida sobrenatural despertó la admiración de la comunidad científica global que acentuaron las  investigaciones en los insectos, sobrevivientes y mutantes.
Tal era el panorama apocalíptico, donde la visión principal del nuevo sistema mundial impuesto, era preservar la especie humana y a los seres restantes y sobrevivientes a la extinción. La conservación de los recursos como el agua, la energía eléctrica alternativa: la base para la supervivencia humana, regía en la agenda mundial. Ante esta catástrofe se luchaba frontalmente contra tipo de contaminación ambiental y contra los efectos nocivos de los rayos ultravioleta. Este nuevo sistema había creado un orden jurídico internacional impuesta mediante estatutos; las leyes fueron cambiadas en su totalidad y los poderes extraordinarios que se erigieron siglos atrás en la justicia fueron corregidos y anulados. Se cumplía las nuevas leyes de justicia como diese lugar: “El mal debería ser erradicado para el perfeccionamiento de un mundo mejor”, era la consigna. Quien no estuviere de acuerdo con ello, sería observado y llevado a un tribunal especial destacado a manera de las antiguas Satrapías, respondiendo por sus actos ante los jueces donde determinaban la sentencia para cada persona, apabullando sus derechos fundamentales como individuo ante la sociedad. Las grandes corporaciones de abogados habían sido desplazadas ante el nuevo cambio constitucional de la nueva sociedad. Ya no existían aquellos fanfarrones, de vestir impecable y los abominables abogados que manejaban las leyes a su antojo, jugando con la justicia y haciendo de su ejercicio una burla total determinando qué criminales deberían ser excarcelados o no. Esta práctica  fue sustituida y enviada al olvido. La burocracia e injusticia, que antaño imperaban en las cortes de justicia del mundo, fueron disueltas y reorganizadas  por la Justicia de la Global World. Los abogados de más excelencia académica y profesional, de probado grado moral,  que sobrevivieron al cambio fueron especializados en la carrera de Psicología y hubo una especialización en Psiquiatría para aplicar en el orden nuevo. Esta carrera, antes desplazada en segundo plano, pasó a ser una carrera de gran demandada en las cortes globales para examinar el perfil y conciencia de las personas. En tanto, los activistas e intelectuales eran monitoreados  en cada lugar, o cuando debatían y marchaban entre el conglomerado de gente que se reunía en las plazas o instituciones del régimen. La libre expresión de cualquier ciudadano era seguida por el Sistema; con la ley imperante se podía perseguir hasta cualquier rincón del mundo a un potencial recalcitrante e ideólogo. Muchos de los intelectuales, filósofos, representantes y activistas estaban hartos de las nuevas leyes; las persecuciones y redadas se daban en cualquier lugar. Cuando alguien era apresado se lo llevaban como reos contumaz a los juzgados conciliatorios; se les indagaba con rigor en los interrogatorios. Investigaban el tipo de pensamiento que prevalecía en la mente del sospechoso.
No era bien visto luchar a favor de la vida animal y la ecología usando sus desaparecidos cuerpos o pieles para ello estaban las Organizaciones como la National Geographic y sus dependencias, que adquirió la gran patente en defensa del mundo animal consolidándose para tal fin. Por otro lado, si un activista y recalcitrante luchaba con conceptos equivocados, utopías e ideologías sin fundamento en contra de la vida humana,  o  búsqueda de la libertad extrema,  entonces era exiliado para cumplir un castigo de meses y años según la gravedad de la falta. Los cuestionados derechos humanos ya habían sido aplastado en la segunda década del nuevo milenio; nadie supo cómo así dejaron de lado los derechos fundamentales de la persona y dejarlos obsoletos, en el recuerdo vago de quienes injustamente se beneficiaron de ello. La CIDH había sido disuelta, pues era un obstáculo tremendo a la organización de la Global World que se impuso y perfeccionó las leyes y encaminó en una nueva corte de justicia,global  y federal que alcanzo cada rincón del planeta.
Si el sospechoso era acusado, debía ser enjuiciado y sentenciado, su destino sería la reclusión temporal o perpetua en las “Black Islands” o centros de reclusión impuesto  por la GW; establecidas mundialmente. Sus edificaciones fueron construidas estrictamente para toda la generación de indeseables. No había forma de conciliar o apelar la sentencia; las denominadas instancias superiores para conmutación de penas en la que tantas veces los acusados se esperanzaban para escapar de las sentencias o casos juzgados fueron echadas al olvido. Si el mundo ahora respiraba un orden de justicia superior, también  lo era el nuevo crecimiento tecnológico y científico cada vez más perfecto. La economía acababa de salir de otra recesión mundial y enfrentaba la problemática del agua y el sector agrónomo, por la carencia de productos prioritarios para el consumo humano. No obstante, no existía especulación, pues las vías y transportes estaban aseguradas. Era delito agravado especular y lucrar con los alimentos. Todos recibían de alguna forma los beneficios del sistema económico mundial. Por otro lado, no existían conflictos en las fronteras, pues ahora se encontraban unidas y amparadas por las nuevas leyes; segmentadas por zonas internacionales llamadas Sectores. La idea caduca de delimitación estaba desterrada del orbe. Así por ejemplo: la zona de conflictos, de aquel pasado inmediato, zonas como Siria, Líbano Israel y  Palestina, fue denominada Oriental Zone. Ninguna de estas ex naciones había objetado después de la rendición y el cese de la guerra, cuando se puso fin al conflicto de muchos siglos del caso Israelí.
En una década, e avance tecnológico y las comunicaciones habían avanzado como nunca antes. El nuevo sistema de justicia y gobernación hicieron renunciar a aquellos líderes recalcitrantes, tiranos y autoridades incompetentes; destituidos de sus gobiernos, persiguiéndoles y enjuiciándoles, volviéndolos parte del pasado. Este Orden impuesto en el mundo, lo llamaban Global World o Mundo Global. Los cargos presidenciales y los primeros ministros, fueron reemplazados por el cargo de “líderes” con el sólo deber de servir a los estados federales, a los nuevos Sectores creados.  No existía objeción, sino aceptación ante las normativas globales.
Las acciones de rebeldía en la que tantas veces el ego humano había llevado a la creación de estados terroristas, o proliferación de mafias y espionajes encubiertos estaban siendo erradicados. Los terroristas químicos y piratas cibernéticos siempre eran perseguidos cruelmente; fusilados, y si no,  sometidos a las rutinas de trabajo forzado como viles condenados a perpetuidad en las ciudades - cárceles.  Salvo los casos de genocidios, donde no había perdón para ellos. Cualquier acusado sea en delitos comunes, o de extrema repugnancia ocasionando la muerte de más de dos personas o decenas de ellas, era ejecutado inmediatamente. Una forma de sentencia hacía que las cosas funcionaran bajo el amparo de las nuevas leyes. Si para el mundo y el derecho internacional, antes representaba esto su gran temor, ahora simplemente lo asimilaban como el cambio. Parecía que una paz se respiraba en el orbe y los delitos y asesinatos habían bajado considerablemente.
Los ejércitos de cada nación habían sido disueltos y pasaron a conformar la policía del mundo, conformada por ex soldados y agentes policiales de conducta intachable y proba. Ello trajo consigo la erradicación de todo elemento corruptible dentro de la institución; se depuró la conciencia de los nuevos aspirantes. Los no alineados al nuevo sistema incorruptible de la policía, se les negó toda posibilidad de ser admitido si su perfil era proclive a la degradación moral. El nuevo cuerpo de la policía global, asumió  así su  papel de protector de la sociedad, presentes en todo lugar.
Bajo este cambio mundial, se crearon muchas unidades ejecutores o caza bonificaciones para la eliminación del mal, la amenaza real a la ciudadanía. Unos vivían sin remordimientos por el buen oficio de liquidar personas, esperando su recompensa después de cada misión; se les había lavado el cerebro en la academia policial, otros vivían acostumbrados al filo del peligro. El abismo y la muerte no les atemorizaban en modo alguno. Aumentar las ansiadas arcas de bonificaciones significaba todo para la mayoría de ejecutores.
Y ser un ejecutor para Mallord Britez le significa su vida misma; fiel amante de la justicia, frustrado ex músico, un capitán de la desaparecida clase media Limeña, en la que su ascenso le representaba tener licencia para todo, sentir el poder de enfrentar a la vida, con la fuerza de las armas y sobretodo, sentirse seguro después de haber experimentado la violencia décadas atrás. Hacia veinte años que estaba trabajando rutinariamente persiguiendo a los indeseables sueltos a los que escapaban de centros de encarcelamiento mundial: Black Islands. Así denominaban éstas cárceles lejos de la ciudad e instaladas como colonias en Islas acondicionadas para la hez de la sociedad. Una labor por demás angustiante, que en los últimos años su ardor combativo decayó muchas veces en cada misión de riesgo. Él amaba su vida, aunque a veces también la había despreciado en medio del peligro; cuando a su mente venían los conflictos internos sobre la vida y la muerte. Constantemente se repetía “¡si muero, muero! hecho esta” Sin embargo, cuando más pensaba en ello, nada le sucedía, por el contrario, los perseguidos caían heridos y ejecutados sin misericordia. Estas acciones le llevaron a sufrir de ansiedad en la que a veces no podía controlar, por más esfuerzo de recurrir a su vasta experiencia en el control de las emociones que atentaran con el rol de cumplir sus deberes sin remordimientos, más complicación tenía anestesiarlos. Sus enfrentamientos se volvían cosas de rutina  donde el peligro no estaba ausente. Como policía, valoraba en extremo, su bienestar físico. Una mutilación, o, vivir en estado vegetativo después de una balacera nada favorable a sus compañeros cercanos, lo mantenían  tenso y de mal humor después de un enfrentamiento, donde le habían llovido balas, roces de puñales, ataques inesperados, en las cuales lo había  expuesto a la desfiguración o salir mal herido; todo ello, hacía que temiera por su estado físico. La idea de que otro pudiese ocupar su lugar, o descontar sus créditos, sin postular a ascensos inmediatos a jurisdicciones policiales más grandes, lo mantenía preocupado.
Sus honorarios e incentivos en el área de ejecutores aumentaban con cada misión; estas misiones riesgosas  lo habían vuelto frío, acostumbrado a la tarea de perseguir, matar y cobrar. Tantos años, ahorrando los frutos de su esfuerzo; para vivir en un departamento  pequeño al que había amoblado fiel a su peculiar estilo de hispter de los años ´20. Aunque, pronto pensaba comprarse una casa grande en el sitio que siempre había soñado, frente al mar, donde las olas rompían entre las rocas; allí en un balneario recóndito de las costas del Caribe, sueño que no le parecía tan lejano; lejos de la contaminada metrópolis de Lima City. Sabía que su sueño sólo sería posible con sus incentivos, debidamente sustentados como trabajador de la Global Police. Sin embargo, la escasez de viviendas, condominios en zonas departamentales de la urbe, o cualquier suburbio de la Nueva América se debían a la baja demanda y pocas construcciones familiares. En un tiempo, la idea de construir casas en sitios no habitados significaba un reto acogedor, con proyecciones financieras gratificantes, ahora no representaba buenas perspectivas, pues la escasez del agua mantenía un nivel de venta baja en asuntos inmobiliarios sin precedentes en los últimos años. El mayor problema para cualquier empresa constructora era adecuar las instalaciones de agua potable de cada proyecto. Los negocios de bienes y raíces estaban estancados por excesivos costos de impuestos en las adquisiciones de inmuebles. Preferían invertir en corporaciones y fábricas donde no representaba inconveniente alguno para levantar edificaciones ultramodernas.




Capítulo dos
El ejecutor
La remodelada avenida Argentina en la que años atrás había funcionado como zona industrial, repletas de factorías, empresas manufactureras y tecnológicas cercanas al gran damero de Pizarro; áreas que en su momento se vendieron al mejor adquirente, dando paso a la expansión de enormes edificaciones departamentales, condominios cada vez más altos y de interiores estrechos, siendo uno de estos departamentos, de sesenta metros cuadrados del proyecto Ciudaris, otorgado a Mallord como recompensa a su grado de capitán de uno de las unidades de inteligencia de la GP. Habiendo recibido las llaves de su nuevo departamento amoblado, se dirigió a su nuevo hogar. Lo primero que notó que el condominio había sido acondicionado sobre una estructura antigua parecido a la de un motel. Nadie se hubiera percatado, excepto él, que en una ocasión había entrado en este lenocinio ya desaparecido y re-estructurado a manera de condominio. Aún podía verse a los ebanistas por los pasillos que daban acabados finales a algunos departamentos.
Se apresuró a sacar del bolsillo de su gabán negro la tarjeta con el número indicado de su nueva propiedad. Subió por las escaleras de escape situada al fondo de los demás departamentos. En el tercer nivel encontró su apartamento, frente a él colocó su card en el identificador abriéndose de inmediato la puerta. Todo estaba oscuro y con fuerte olor a pintura látex. Las ventanas en forma de compuertas estaban herméticamente cerradas. Buscó el interruptor digital, no lo encontró. Un fuerte olor a fragancia de lavanda se desprendía del cuarto de baño, odiaba esa fragancia.
-Luz y calefacción - se encendieron los elementos. Con la luz de neón reflectiva pudo atisbar mejor el recinto. Contempló que todo era un solo ambiente. Le gustó. La idea de divisiones no funcionaba para él. Se dirigió hacia atrás, cerca las altas ventanas templadas cubiertas con persianas de tendencia oriental que protegían de los poderosos rayos ultravioleta. Miró a su alrededor buscando una puerta de escape, cuanto más oculta mejor, pensó. Se encogió indagando por el botón de seguridad. Lo encontró. “Es la salida”. Quería estar seguro que su nuevo hogar, no tuviera un punto débil donde podía entrar un Mercer de noche y tomar su vida. Vio un librero y debajo, una alfombra. “Debe ser la ruta bomber”. Así se denominaba a la ruta de escape al estilo bomberos, cuando salían apresurados a una misión de apagar algún incendio. En efecto, se acercó y notó que había una compuerta debajo del tapiz que lo llevaría seguramente a una salida, tres pisos abajo. La ruta de escape estaba asegurada. 
Lo siguiente era confirmar el servicio de agua era óptima y saludable en el edificio; si contaba con la presión necesaria del líquido elemental. Hacía un par de décadas que la presión en todos los sistemas de agua potable de la metrópolis había bajado considerablemente. Las construcciones de inmensos condominios y factorías desfavorecían el medio ambiente  ejerciendo la demanda del agua en todo  el Sector 1. El agua representaba el líquido más apreciado del momento. Las bebidas  energizantes estaban con altos precios; no era negocio consumirlas, salvo, quisiera uno tener el placer de disfrutarla, por su contenido altamente purificado. Su costo promedio era como la de un trago fino de un bar. Ya nadie quería los saborizantes artificiales del pasado en la que muchos se habían vuelto adictas a ellas. Las bebidas simples eran peligrosas y estaba prohibido su consumo. Por lo que las compañías de bebidas habían cambiado su forma de destilar y ofreciendo al  público lo mejor. En consecuencia, la Coca cola y la Pepsi y la kola Real se vieron afectadas, y su negocio de billones de dólares sufrió por la falta del líquido elemental.
En fin, el sistema de grifería no era virtual, sino digital, que controlaba automáticamente la salida del agua. Un vaso de agua de doscientos cincuenta mililitros, una jarra de un litro cubeta de agua de un galón, o cuatro galones. Así se medía  y controlaba el agua en los hogares desde hacía quince años atrás.
-Un vaso de agua de doscientos cincuenta - Pronunció Mallord estirando la mano con el vaso en el dispensador.
Bebió con sumo placer, disfrutando su primer vaso; luego se recostó en el único sofá que había en su departamento para observar todo a su entorno. Un librero. “Bien”. Listo para colocar algunos libros físicos y su Tab para leer los betseller y buscar info básica de expedientes. Una lectora Led HD virtual a un costado para ver los films en el espacio central del ambiente. No quiso configurar el sistema Abott, ni escuchar la voz entrometida del sistema, aún no.
-Canal C por favor - se encendió y un plano se ilumino en colores y las imágenes tomaron vida en medio de la sala. Los noticieros simplificaban la orden del día para él; no podía hacer otra cosa que ver las odiosas noticias policiales y examinar los reportes de la comandancia policial; ver si los ejecutores estaban haciendo las cosas correctas capturando  Mercers y disidentes que estaban libres. Dichos episodios eran rutinarios e  inevitables para él mismo; quería mantenerse al tanto de todo, así de simple. Mientras cambiaba, hallaba las mismas noticias de siempre. Le parecía aberrante que las compañías de televisión, los canales privados fuesen controlados por el sistema de la Global World desde hacía años; ofreciendo a la teleaudiencia programas puntuales de ciencia, tecnología, documentales, hechos históricos que a veces carecía de objetividad, para mostrar los avances del nuevo orden mundial para que la gente no especulara, ni sospechara nada del cambio. Los programas basuras estaban echadas al olvido. El mundo cambiaba aceleradamente y su auge científico como su deterioro ecológico afectaba de alguna forma a cualquier persona en el mundo. Allí, frente a la pantalla virtual, con sus ojos cansados por la fatiga, con su espíritu apagado, Mallord buscaba un canal para no aburrirse. Lista interminable de canales. Apagó “Out”; con los minutos, lució ensimismado por vagos recuerdos, imágenes plácidas: una sonrisa, un beso y un adiós; luego, la silueta de un arma, tan fugaz, que apagó su sonrisa. Su mente se embotaba sin quererlo, con aquellos decrépitos recuerdos de vidas violentadas. El rostro de cada  asesinado desfilaba con un gesto macabro después del último disparo. Sangre y horror queriendo olvidarlas por completo. De nada servía las terapias avanzadas de la GP para que los ejecutores tratasen olvidar los recuerdos post traumáticos. Los delirios de persecución lo sufrían muchos, no era fácil ejercer un rol de policía dentro de la sociedad nueva sin verse expuesto uno mismo. Fueron innumerables noches, en que despertaba con continuas pesadillas debido a batallas nocturnas que terminaban, en un brinco violento tentando el arma bajo su cama. Los abismos oníricos bordeaban por ratos los límites de su realidad. No se sentía enfermo, pues su mente apabullaba todo indicio de ansiedad, los desórdenes de fatiga no le afectaban. Su conciencia si tenía enfrentamientos, desvirtuaba la ética y moral reemplazándola con la mortal indiferencia, acto para lo cual había sido entrenado en la academia de inteligencia. Si bien es cierto que el bien y el mal existían en toda sociedad desde siglos atrás. Erradicar el mal que corroía los principios justos o los excesos del orden impuesto, hacía que socavara sus culpas y conflictos internos. Debía silenciar sus emociones, cual autómata que cumple con un deber y punto. Su espíritu no había cambiado tanto; pero añoraba el pasado inmediato antes del Gran Cambio. Su mente daba vuelta en estos pensamientos y no los podía hundir en el baúl de su mente.  
“¡Ya estoy harto de toda esta mierda! ¡Qué pasa conmigo carajo! La vida se me puede ir en cualquier momento, sin haber gozado de todas mis bonificaciones. Eso sería lo peor de todo… Esos malditos YenSol los vengo acumulando buen tiempo y aún no puedo viajar lejos y salir de toda esta cagada de vida. Si bien este departamento me cae del cielo, en realidad es pequeño para lo que he buscado siempre. Juntaré mis bonificaciones, viajaré tan lejos que se les tornará difícil encontrarme. Podré alcanzar los las afueras de Santiago City o El Salta Argentino, o me refugiaré en las montañas altas de Carampoma. Bueno, lo último que podría pasarme, es que, den conmigo aún en Asia Chancay. Nadie sabe nada. Sin embargo, mejor es que me vean como el tipo común y corriente, huraño y rutinario al que suelen encontrar por los bares del Queirolo o el Cordano bebiendo agua de Seltz, esperando que me llamen para ir en busca de un Mercer desquiciado”.
Alzó su brazo y alcanzó su bebida energizante. Lo bebió con rapidez y no pudo evitar que se le corriera entre sus labios carnosos; después continuó con la prueba de los equipos de audio y multimedia virtual, sintonizó con su voz, la reactualizada “Estación 88.3 FM” de inmediato se encendió el equipo. El sonido invadió todo el lugar. “volumen medio, sube, sube un poco más, más, queda”. La esbelta figura de la desaparecida Amy Winehouse con su recordada letra Black to the Black, se proyectó en una imagen tridimensional en medio del living. El cuerpo translúcido de Amy estaba a la altura de sus ojos, parecía que la imagen  cobraba vida propia. La minifalda apretada, el rostro flácido, las ojeras, la sonrisa apagada. Era ella, en tamaño natural, con el acercamiento zoom. Sólo faltaba que le abrazará y tomara cuerpo.
-Te extraño Amy, nadie te comprendió mejor que yo - exclamó Mallord mirando con sus ojos extraviados el cielo raso de su techo.
Con las canciones en fila, desfilaron las melodías conocidas de Barry White; La melodía del amor, en versión remasterizada 3D, su favorita; vio aparecer a la orquesta de Love Unlimited con aquellas tres voluptuosas morenas con atuendos setenteros, revividas con el poder de la tecnología virtual. “Como ha pasado el tiempo”. Le siguieron los falsetes afiebrados: Más que una mujer y Fiebre de sábado por la noche de los recordados Bee Gees. Dichas canciones había marcado la conciencia musical de muchos y la de él. Se sentía atraído y embelesado por las baladas románticas en inglés, la música disco, el soft rock y el new age de cincuenta años atrás. Los soundtracks de la extensa filmografía también eran de su interés. No podía estar ajeno a la sensibilidad por la música, quizá esto lo mantenía con vida en cada momento difícil de su vida. Sea que estuviera un volando en un BellHuey, caminando por la ciudad, o en algún operativo; escuchaba las portentosas melodías de siempre. Acaso por ello, fue que recibió tres proyectiles. Sólo segundos de distracción, escuchando su acostumbrada música bastaron para que quedara fuera de combate la última vez, que si no hubiera sido por la aparición de otro ejecutor, el no estaría vivo. Pero, aquella vez perdió la recompensa, pero había ganado la vida. Todo por su música. Nuevamente comenzó a inundar su cerebro de las composiciones poéticas  alicientes de The Doors.  Luego, estirándose tentó con sus manos su maletín y sacó sus baquetas y comenzó a mover sus manos, marcaba el ritmo del charles y la tarola. Tenía ritmo, pero igual, se sentía un talento frustrado. Hubiera sido un gran músico de joven si se hubiera dedicado por entero a la percusión. Sólo rememoraba cuando tocaba entre amigos la poderosa batería. Contaba la dicha de haber tocado de adolescente una docena de veces en los bares Barranquinos de entonces, se alegraba en poder recordarlo “Ya pasó”. Elegir por la música no hubiera resultado provechoso con la economía del mundo afectada por la creciente recesión.
Ciertamente había elegido por lo más seguro, el conformar voluntariamente el Cuerpo de inteligencia de la GP, en el momento en que el mundo se caía a pedazos, debido a la Guerra Terminal que involucró al poderoso estado de Israel con la Liga Árabe en el convulsionado Oriente Medio, después que el Estado Israelí decidiera atacar y cometer genocidio y holocausto al Pueblo Palestino. El poder de las armas y la guerra habían sumergido a los países del suspenso al terror. Después sucedió lo que  habían temido por décadas: Irán y Corea del Norte enviaron sus misiles balísticos y cruzaron las fronteras del orden, atacando varias ciudades de Corea del Sur, Japón y  Norteamérica. El ataque fallido a Washington fue lo determinó que USA interviniera en la guerra con la brutalidad y un escarmiento sin misericordia. La comunidad Europea respondió con firmeza y parte de la antigua Latinoamérica también hizo lo mismo cerrando sus fronteras, Perú hizo lo suyo también. Ningún país estaba a salvo; la otrora poderosa Rusia se mantuvo al margen  de todo, ya Putin en su tiempo, había debilitado todo con Crimea, desmembrando aún más la Ucrania volviéndola más Soviética. Por otro lado, la guerra química se desencadenó por los extremistas del oriente que atacaron los puntos débiles de su antiguo enemigo. La guerra oculta también puso a ciudades enteras en gran peligro, sobre todo la guerra de “baja frecuencia”; fenómenos meteorológicos aparecieron sospechosamente devastando ciudades enteras; los muertos se contaban por miles. La atmósfera fue afectada en muchos cielos del mundo con una lluvia ácida permanente. Era ineludible que uno pudiera respirar tranquilamente sin que se viera afectado por las infecciones que terminaban en la proliferación de enfermedades pulmonares, cáncer y la muerte. En cuanto al espinoso ámbito político, USA se había debilitado con los años, su política imperialista declinó a favor de China que estaba respaldada siempre por Rusia y la India y los enemigos del poderoso estado Yanqui. Inglaterra se desgastó también y los países europeos se sumaron a la derrota política, las potencias ascendentes impusieron su voluntad de conformar: Una sola ley y una sola constitución en pro de la existencia humana. Como nunca la China Comunista disolvió su obsoleta política socialista y el comunismo quedó fuera, aplicaron el pacifismo inteligente de sus antecesores milenarios. Las religiones del mundo se unieron para dar paso a una religión libre sin poder alguno y electiva para cada habitante de la tierra. El Mundo Global se unificó en siete regiones continentales. Así nació la Nueva América. Israel pasó a conformar el Oriente Unificado junto con los musulmanes. Los partidos extremistas y fundamentalistas como los Sionistas, Hamas, Hezbollah, Al Qaeda y tantos otros nefastos, fueron allanados del poder y erradicados de todo el Sector Oriental. El terrorismo de Estado que antaño algunos países practicaron quedó desarraigadas por las fuerzas de ocupación de la GF o Fuerza Global. De seguro se hubiera derramado mucha sangre, sino hubiera sido por la alta tecnología para encontrar a los grupos terroristas hasta desarraigarlos. Líderes ávidos de poder y malos gobernantes que habían derramado sangre fueron destituidos, sentenciados y aniquilados por la Corte Global de Justicia. Los tiranos genocidas y líderes culpables entre chechenos, musulmanes, somalíes, judíos, americanos, venezolanos, serbios y de otros estados africanos, sufrieron la muerte inmediata en cámaras de la muerte. Todo gracias al perfeccionamiento de un satélite denominado K-2, que rastreaba y ubicaba a todo perseguido y culpable ante la justicia nueva con la interconexión del sistema de drones. De esta forma se eliminó a los enemigos de la humanidad. Se había establecido el orden mundial con nuevas leyes que ayudaron al desarrollo de la humanidad. ¡Justicia nueva! gritaban a los cuatro vientos los pueblos del mundo. Nuevos cargos, gobernaciones, estados y autoridades, con una nueva policía que se encargaría del orden y el bien común en la emergente sociedad.

Y Mallord había tomado la mejor decisión; en la Global Police forjó allí su carrera, que le significó su desarrollo profesional con beneficios para su vida. Después de su graduación y sus ascensos no le importó ser destacado en varios Sectores de la unidad de ejecutores, una unidad muy cuestionada con el fin de perseguir y matar indeseables. Por eso, luego de veinte años pudo lograr que tuviera dos apartamentos en ciudades distintas, uno situado en un lugar en secreto y pocas veces visitado, el otro recién otorgado por premiación, en el que escuchaba ahora su música hasta el cansancio. Y pensando en sus recuerdos, en su vida, se durmió en el cómodo sofá verona.


                                                                         Capítulo tres
Ser policía en Lima City
La GP tenía sedes en todo lugar del mundo, conformadas por compañías de ejecutores de la red de inteligencia en diversos Sectores del mundo. Una principal en cada metrópolis y de allí sus derivaciones jurisdiccionales. Mallord estaba destacado en la zona sur de la Nueva América o los estados de América del Sur. Como representante de la policía global era especialista en ejecuciones, no se consideraba por ningún motivo un asesino de asesinos. Más bien, se calificaba a sí mismo como fiel cumplidor de la ley en beneficio de una sociedad justa, sin criminal alguno. Apreciaba su oficio, como si fuera el mejor empleo del mundo. Sin embargo, entendía bien que la sociedad, las personas de buena conciencia lo consideraba en el fondo un caza-recompensas, amparado por la justicia y el orden imperante. Esto quizá, no le importaba al resto de sus colegas que ejercían su labor sin preocupase en absoluto, si les tildaban de viles mercenarios.
Existían los programas de la conciencia y otras las capacitaciones secretas donde se les inculcaba que la idea matar era cosa común, que la piedad humana no existía, puesto que el sufrimiento en la historia del hombre siempre había existido. Los siglos con sus cruentas guerras eran el fiel testimonio de ello. “El dolor de una persona, no es tu dolor” era el lema más conocido, “soporta el dolor lo más que puedas”, tanta doctrina policial que aprendió por soslayar la conciencia, la ética entre el bien y el mal. “Lo bueno de ser policía en el siglo XXI es el beneficio”  se repetía a menudo. La vida y desenvolvimiento de la nueva policía estaba sustentada por un estatus de vida distinto, en relación cuando años atrás se les cuestionaba todo, siendo los peores pagados del mundo terminaron corrompiéndose, denigrando su carrera con la misma delincuencia al que perseguían. Tarde o temprano tenía que hacerse algo al respecto; ello sucedió cuando cambiaron las leyes jurídicas, constitucionales y judiciales de la Global World. Intervinieron todo radicalmente y manteniendo la paz en cada rincón del mundo. La carrera de abogacía y de leyes, dignas en un tiempo, decayeron y se fusionó con Leyes y Humanidades en los Centros de Estudios y universidades. Los antiguos abogados, magistrados y jueces con su respetado oficio no se les valoraban como antaño, con aquella ridícula consideración excesiva: “Excelentísimo juez, prestigioso abogado”, pues después de todo, siempre habían estado inclinados a la corrupción, manipulando con sus poderes y absoluciones nefastas. No existían por tanto, leyes que respaldaran ahora su libre desempeño, sus oficios decayeron y optaron por otras competencias para asumir nuevos cargos. Las leyes habían sido observadas, sustentadas e impuestas por el Líder de Paz que había tomado la rienda del poder de la GW; posible bajo el aval de las superpotencias mundiales, e intervención de líderes pacifistas y religiosos. Los poderes militares estaban ahora sujetos bajo su mando; sin embargo, no se hacía ver él mismo como un militar y tirano, sino como un Líder humilde y ponderado que vestía sotana blanca como en el tiempo de los Helenos, rememorando los tiempos gloriosos de la Antigua Grecia, presentándose como un líder espiritual de marcada influencia budista.  Dirigía la GW con la majestuosidad de un ser elegido para el bien de la humanidad, habiendo establecido líderes en cada uno de los continentes, así como refundar las satrapías y dividir al mundo en Sectores. Asimismo, propuso reunificar a la policía en una sola que vigilara todas las metrópolis existentes. Así nació  la GP que tomó el renovó sus comandancias y destacamentos policiales, sujetos a capacitaciones de primera clase, especializaciones y pruebas que ayudaban a mejorar la vida los policías. Las comandancias policiales se unieron en conjunto a las fuerzas del ejército, así se conformó una sola Fuerza Global, reorganizadas contra la lucha interna y externa, dicha Fuerza, defendería a la tierra ante cualquier amenaza existente en el Universo. Además su función primordial sería establecer un orden espacial tanto en la  Luna como en Marte; consolidando la protección de las pequeñas colonias, conformada gente millonaria que había asegurado su pasaporte al espacio pocos años atrás y en la que se unieron gente  preparada para la colonización tan ansiada por el ser humano.
Ahora bien, el departamento policial contra el crimen en Lima City estaba interconectado las veinticuatro horas del día, todo el año. Mallord no podía escapar ni de la misma red infinita que lo unía con otras redes internacionales del crimen. La comandancia de la Global Police, lo había hecho llamar muchas veces ordenándole retirar a los indeseables de mafias y redes ocultas en la Nueva América; acaso porque cumplía eficientemente cada misión asignada. Su intuición nunca le había fallado; tener ese olfato de cazador paciente ante la presa corralada, le valió varias medallas de plata en la unidad de ejecutores. Barría cual basura inmunda que aleja uno, a los viles asesinos, gente cruel perseguida justa o, quizá obedeciendo injustamente al sistema que ordenaba eliminarlos para finalmente llevarlos a las fosas de cadáveres de un olvidado cementerio asignado por las satrapías. Ese instinto frío y calculador necesitaba a su vez de accesorios sofisticados: un lente especial infrarrojo de última generación, un buen arma automática de alta potencia, un card de múltiple identificación, tener una licencia para estar en todo lugar y sobretodo llevar un lector de microchips incorporado en su móvil con los últimos datos del perseguido, para su posterior captura y eliminación; todo ello eran factores claves para el éxito de sus misiones.
Los indeseables que lograban escapar se les llamaban Mercers; se les monitoreaba por una red de espionaje satelital tipo GPS avanzado hasta cazarlos a toda costa, sumado a la intuición y habilidad del ejecutor para encontrar a los asesinos inteligentes. A la mayoría se les consideraba portadores del MOAO, el conocido gen guerrero de la violencia, que se asociaba con la gran capacidad de manejar o explotar el grado de violencia. Por este motivo, los presos considerados de alta peligrosidad  tenían que ser vigilarlos continuamente en cada actividad dentro y fuera de las Black Islands hasta el momento de su captura o muerte.
Muchos de los Mercers se mostraban inconformes y rebeldes para enfrentar los retos de la vida, y debían soportar el trabajo impuesto en prisión. Sin embargo, el anhelo de libertad representaba el eje necesario para cualquier fuga. Había asesinos confesos, otros lo fueron sin querer serlo. También proliferaban los delincuentes extremos y depravados; de otro lado, los intelectuales expertos en ingeniería biomecánica, redes de sistemas, otros con un grado preparación universitaria que buscaban, contrariar lo establecido, preconizar la libertad como fin primordial de la existencia. El simple hecho de que socavaran sus ideas liberales, para sí mismos, quizá justas, hacía de ellos individuos potencialmente peligrosos.
El deseo vehemente de un Mercer consistía en ser libres a toda costa, quizá con justa razón y vivir una vida con cierta holgura, sin tener la paridad impuesta de vivir con la austeridad cargada a sus espaldas. Dueños de una individualidad, quizá egoísta o no, hacía que la sofisticación y la paciencia fueran aliadas para cualquier escape.
Una década atrás, la Global Police disponía ya de naves y automóviles de última generación; carros turbo de múltiple tracción. La novedad se los llevaba los BellHueys carrozas aéreas dos pasajeros, concebidos a propulsión eléctrica y solar traídos desde la CEA (Confederación de Estados Americanos antes USA) que se parecían un poco al diseño a los helicópteros Apaches, solo por su forma de elevarse y forma estructural, sin ser artillados, ni contar con rotores para su impulso. Cumplían a cabalidad la interminable labor de alcanzar a los indeseables en donde estuviesen. El recientemente creado satélite K-2, podía seguir la señal y localizar rápidamente a cualquier prófugo a través de miles de drones super inteligentes distribuidos en todo el mundo. El ejecutor que lo buscaba recibía en su móvil la señal de alerta del poderoso rastreador espacial; luego se encendía la luz naranja: señal de advertencia y analizar las coordenadas exactas hasta encontrar  y retirar al Mercer. Misión cumplida, recompensa asegurada.
La nueva sociedad y su justicia, ahora caminaba segura en favor de los habitantes. El crimen había bajado a sus niveles más bajos. No podía existir un crimen perfecto, tarde o temprano siempre se hallarían a los culpables de estar confabulando en contra del sistema. Se desbarataban las coartadas y hechos de sedición. La delincuencia común la que antes tenía amenazada a la sociedad y al borde del colapso social, estaba casi extirpada, pues se eliminaban a diario a viles indeseables en enfrentamientos eficaces. Los capturados enfrentados a juicio y presidio inmediato, sin pérdida de tiempo. Por consiguiente, la erradicación de lacras de la sociedad y su eliminación en caso escaparan, era una labor titánica para las comandancias de cualquier metrópolis del orbe. Sin embargo, no era cosa común ver que un Mercer escapara y se estableciera como un ciudadano común en cualquier parte, ocultándose con argucias y sofisticadas redes, viviendo en la clandestinidad. Un escape exitoso significaba estar aglutinado de paciencia y haber estudiado la dura rutina carcelaria; muchas horas de planificación casi al milímetro, encontrar un error humano para aprovechar las circunstancias. Solamente se reportaron casos aislados de Mercers que sí habían logrado escapar del rastreo satelital por medio de una suplantación precisa, circunstancias aisladas, quizá por la deficiencia del chip de identificación en el cuerpo de reos. Se requería ser muy calculador para alcanzar el ansiado escape en cuestión de valiosos segundos. La amenaza extrema constituía porcentajes menores y controlados. Los facinerosos del pasado, después de la Guerra Terminal, estaban recluidos por cientos de miles en todas las Islas del mundo. Los familiares de los sentenciados que protestaban en las cortes de justicia, estaban controlados. Sólo tenían el derecho de obedecer la ley impuesta en el nuevo orden. Era fácil imaginarse que las pandillas centroamericanas donde antaño hicieron lo que quisieron en la otrora Norteamérica, los Gethos de Sudamérica; como aquellos antros de delincuentes de las favelas de Brasil, estaban sujetas con el rigor máximo y la fuerza del orden. No había opción de desarrollarse como delincuente común en la sociedad mundial. Quienes optaban por este camino abyecto, estaban recluidos, sentenciados a programas de extremo trabajo; si no demostraban indicio de reinserción social, se les sometía a un estricto programa de control mental en centros secretos de la GP; quizá ante esto, los malvados más radicales preferían la opción del suicidio. Hubo muchos casos de bandas y pandillas enteras que descansaban en el limbo de los suicidas.
 “Uno menos, cientos menos”, se pregonaba en la sociedad, el mundo se alegraba de no tener ese tipo de gente vil y asesina, por más totalitarismo que existiese, disfrazado de una Era de paz. Los derechos humanos estaba reservado para la gente justa y que buscaba la justicia, no para los disidentes, terroristas, ni delincuentes, gente execrable para la sociedad
En Lima City, a corta distancia de su costa estaba la Isla San Lorenzo, una colonia de Indeseables, donde todo tipo de presos, extremistas, políticos, asesinos y violadores, cumplían penas forzadas como tareas de ensamblaje y construcción de paneles solares anti-reflex, plasmas anti Rayos UV. Otras áreas estaban asignadas con el objetivo de crear soluciones en base al uso de cloro y otros minerales anti salobres que combatían la contaminación directa del elemento líquido más costoso: el agua. Todos trabajaban, sin jornal alguno, salvo comida, descanso y conmiseración de pena si acreditaba tener conciencia de lo que había hecho en el pasado y haber probado un arrepentimiento genuino por las faltas, errores y hechos cometidos. Las penas no se reducían en años, sino en días. No era como antes, cuando se reducían en espantosas penas en dos, cinco, diez, quince años menos. Un tercio y toda esa idiotez. La máxima reducción de penas era de tres años. Se estableció que cada reo cumpliera el máximo la pena impuesta o morir en prisión. No existía otra opción. Quizá por ello, los índices de criminalidad se habían reducido considerablemente. Las condiciones de trabajos, por su parte, eran insoportables para algunos presidiarios acostumbrados al ocio y la vida fácil. La degradada generación de asaltantes, estafadores, asesinos, así como los asquerosos violadores, tratantes de mujeres y niños, que antaño desencadenó en la esclavitud sexual, estaban severamente penados, nadie sentía misericordia de ellos. Las Black Islands constituían el fin de la actividad de los proxenetas y mafiosos del sexo. Cadena perpetua sin apelación y conmutación de penas estaba reservada a estos indeseables. No existía pena de muerte para ellos salvo casos en la que hubiesen cometido homicidio premeditado. El trabajo forzado, extremo y obligado, sin paga alguna, siendo la única oportunidad para vivir y terminar sus días. Más que regeneración, era la esclavitud misma, un duro castigo. La GW había decidido una generación atrás sobre la vida del preso y su infierno de esclavitud aquí en la tierra. Dichos trabajos forzados, no se comparaban como en los tiempos victorianos donde les imponía injustamente  cumplir las tareas hasta el cansancio físico, al desgaste espiritual, o, aquella forma de esclavitud aberrante y degenerativa impuesta por los antiguos traficantes portugueses y españoles. No, esto no era como los siglos pasados. La ley había sido modificada para que los indeseables del siglo XXI trabajasen para el mundo; creando y cumpliendo labores de preservación de la vegetación, promover el sostenimiento, conservación del agua y energía, escasez recursos biológicos, valorados como nunca en beneficio de la especie humana.  No existía para ellos descanso, solo una hora de refrigerio entre mañana y noche, dos horas de lectura o relax, cinco horas de descanso nocturno y dieciséis horas de trabajo obligatorio  todos los días que estuvieran presos. Asimismo, las  festividades mundiales estaban prohibidas para estos hombres sin derecho. 




  ( SIN EDITAR, CONTINUARÁ)...

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