Fanfic: BLADE RUNNER: Sueñan los Androides con Ovejas eléctricas
martes, 15 de enero de 2013
LIMA CITY: Escape en el Sector I
I
El mundo en desastre
El mundo en desastre
El mundo a vísperas del año
nuevo de 2043 tenía como problema principal que la capa de Ozono dejó de
existir; los poderosos rayos ultravioleta causaban daño a la piel humana y a
todo ser viviente. Los océanos estaban contaminados desde el 2023 cuando el terrorismo
internacional había utilizado las peligrosas armas químicas y otros agentes
contaminantes hídricos, filtrándolos en mares y grandes lagos en muchas
partes del mundo. Una maldad del ser humano para la sola destrucción. Esta hecatombe
afectó el recurso más valioso y tan vital para los seres humanos y seres vivos de toda índole: el agua. Ello trajo
consigo la acidificación en los mares, proliferando las bacterias letales
que terminó con la vida de muchas
especies marinas especialmente los mamíferos. Los cetáceos gigantes sufrieron
los estragos; sus enormes cuerpos yacían varados y putrefactos en muchas playas
del mundo. Por tanto, no existían las ballenas azules, grises, yubartas y
tantas otras. También las Orcas, fieras en su tiempo desaparecieron, los alegres
delfines de todo tipo, los silentes narvales, así como otros mamíferos
acuáticos se extinguieron por completo. En consecuencia, los grandes lagos
americanos y los mares asiáticos tranquilamente se podían comparar en parte con
el famoso mar muerto, carentes de vida útil para los propósitos de la
naturaleza. No obstante, las pocas fuentes naturales que no fueron contaminadas
eran escasas; otras lagunas también sufrían
aceleradamente dichos efectos.
Cuando los científicos y
estudiosos descubrían nuevas fuentes de vida, éstas eran cercadas por las autoridades para evitar
que cualquier persona pudiera acercarse a ella. El líquido vital era valioso,
como nunca antes, la gran amenaza era la contaminación y que pudiera agotarse
en un futuro cercano; por consiguiente, la vida animal comenzó a sufrir los
estragos ante la falta del agua. En la tierra, los efectos de la contaminación
de hidrocarburos, vertidos químicos por manos terroristas, el uso de
plaguicidas y herbicidas que en contacto con fuentes de agua comenzaron a
devastar a la vida animal en el orbe. La extinción de los carnívoros
encabezados por los grandes depredadores, leones africanos, tigres asiáticos
fue desastrosa, triste e irrecuperable. Los leopardos del Himalaya
sobrevivieron a duras penas, quizá bebiendo el agua de los deshielos, pero la
escasez de herbívoros y roedores terminó con la última esperanza felina hacía
una década. Los mamíferos entre herbívoros y omnívoros murieron por millones en
el planeta. Si antes en las escuelas se hablaba de animales extintos, ahora se
vivía con horror la extinción a la vista de todo el mundo. Toda una catástrofe
para la vida animal afectada por el mismo hombre. En pocos años, las especies y
subespecies llegaron a su fin en cada bosque, selva recóndita, sábana abierta,
laguna escondida y en fondo marino inexpugnable. Un luto mundial se guardaba
ante la desaparición de la inmensa fauna y flora silvestre. En principio, se
sumó a la lista, la pérdida y desaparición de los silenciosos búhos; una alerta
a los estudiosos, le siguieron los avestruces y enormes aves depredadoras.
Después, llegó el turno a los alegres papagayos en nuestra selva; la lista siguió en aumento con la muerte de
otras especies de aves en todas partes. El virus temido cumplía su ciclo de
muerte. Sin embargo, la gran sorpresa recayó en el mundo de los insectos; ellos
se vieron afectados en un treinta por ciento, los genes microscópicos y cromosomas de todas las especies se habían
mutado y otras terminaron eliminándose entre sí. El resto de bichos, como ya lo habían predicho los
científicos décadas atrás, lograron sobrevivir y se transformaron en nuevas
subespecies. Este orden de vida sobrenatural despertó la admiración de la
comunidad científica global que acentuaron las
investigaciones en los insectos, sobrevivientes y mutantes.
Tal era el panorama
apocalíptico, donde la visión principal del nuevo sistema mundial impuesto, era
preservar la especie humana y a los seres restantes y sobrevivientes a la extinción.
La conservación de los recursos como el agua, la energía eléctrica alternativa:
la base para la supervivencia humana, regía en la agenda mundial. Ante esta catástrofe
se luchaba frontalmente contra tipo de contaminación ambiental y contra los efectos
nocivos de los rayos ultravioleta. Este nuevo sistema había creado un orden
jurídico internacional impuesta mediante estatutos; las leyes fueron cambiadas
en su totalidad y los poderes extraordinarios que se erigieron siglos atrás en
la justicia fueron corregidos y anulados. Se cumplía las nuevas leyes de
justicia como diese lugar: “El mal
debería ser erradicado para el perfeccionamiento de un mundo mejor”, era la
consigna. Quien no estuviere de acuerdo con ello, sería observado y llevado a
un tribunal especial destacado a manera de las antiguas Satrapías, respondiendo
por sus actos ante los jueces donde determinaban la sentencia para cada persona,
apabullando sus derechos fundamentales como individuo ante la sociedad. Las
grandes corporaciones de abogados habían sido desplazadas ante el nuevo cambio
constitucional de la nueva sociedad. Ya no existían aquellos fanfarrones, de
vestir impecable y los abominables abogados que manejaban las leyes a su antojo,
jugando con la justicia y haciendo de su ejercicio una burla total determinando
qué criminales deberían ser excarcelados o no. Esta práctica fue sustituida y enviada al olvido. La
burocracia e injusticia, que antaño imperaban en las cortes de justicia del
mundo, fueron disueltas y reorganizadas por la Justicia de la Global World. Los
abogados de más excelencia académica y profesional, de probado grado moral, que sobrevivieron al cambio fueron
especializados en la carrera de Psicología y hubo una especialización en Psiquiatría
para aplicar en el orden nuevo. Esta carrera, antes desplazada en segundo plano,
pasó a ser una carrera de gran demandada en las cortes globales para examinar
el perfil y conciencia de las personas. En tanto, los activistas e
intelectuales eran monitoreados en cada
lugar, o cuando debatían y marchaban entre el conglomerado de gente que se reunía
en las plazas o instituciones del régimen. La libre expresión de cualquier
ciudadano era seguida por el Sistema; con la ley imperante se podía perseguir
hasta cualquier rincón del mundo a un potencial recalcitrante e ideólogo.
Muchos de los intelectuales, filósofos, representantes y activistas estaban
hartos de las nuevas leyes; las persecuciones y redadas se daban en cualquier
lugar. Cuando alguien era apresado se lo llevaban como reos contumaz a los
juzgados conciliatorios; se les indagaba con rigor en los interrogatorios.
Investigaban el tipo de pensamiento que prevalecía en la mente del sospechoso.
No era bien visto luchar a
favor de la vida animal y la ecología usando sus desaparecidos cuerpos o pieles
para ello estaban las Organizaciones como la National Geographic y sus
dependencias, que adquirió la gran patente en defensa del mundo animal
consolidándose para tal fin. Por otro lado, si un activista y recalcitrante
luchaba con conceptos equivocados, utopías e ideologías sin fundamento en
contra de la vida humana, o búsqueda de la libertad extrema, entonces era exiliado para cumplir un castigo
de meses y años según la gravedad de la falta. Los cuestionados derechos
humanos ya habían sido aplastado en la segunda década del nuevo milenio; nadie
supo cómo así dejaron de lado los derechos fundamentales de la persona y
dejarlos obsoletos, en el recuerdo vago de quienes injustamente se beneficiaron
de ello. La CIDH había sido disuelta, pues era un obstáculo tremendo a la organización
de la Global World que se impuso y perfeccionó las leyes y encaminó en una
nueva corte de justicia,global y federal
que alcanzo cada rincón del planeta.
Si el sospechoso era acusado,
debía ser enjuiciado y sentenciado, su destino sería la reclusión temporal o
perpetua en las “Black Islands” o centros de reclusión impuesto por la GW; establecidas mundialmente. Sus edificaciones
fueron construidas estrictamente para toda la generación de indeseables. No había
forma de conciliar o apelar la sentencia; las denominadas instancias superiores
para conmutación de penas en la que tantas veces los acusados se esperanzaban para
escapar de las sentencias o casos juzgados fueron echadas al olvido. Si el
mundo ahora respiraba un orden de justicia superior, también lo era el nuevo crecimiento tecnológico y
científico cada vez más perfecto. La economía acababa de salir de otra recesión
mundial y enfrentaba la problemática del agua y el sector agrónomo, por la
carencia de productos prioritarios para el consumo humano. No obstante, no
existía especulación, pues las vías y transportes estaban aseguradas. Era
delito agravado especular y lucrar con los alimentos. Todos recibían de alguna
forma los beneficios del sistema económico mundial. Por otro lado, no existían conflictos
en las fronteras, pues ahora se encontraban unidas y amparadas por las nuevas leyes;
segmentadas por zonas internacionales llamadas Sectores. La idea caduca de
delimitación estaba desterrada del orbe. Así por ejemplo: la zona de conflictos,
de aquel pasado inmediato, zonas como Siria, Líbano Israel y Palestina, fue denominada Oriental Zone.
Ninguna de estas ex naciones había objetado después de la rendición y el cese
de la guerra, cuando se puso fin al conflicto de muchos siglos del caso Israelí.
En una década, e avance
tecnológico y las comunicaciones habían avanzado como nunca antes. El nuevo
sistema de justicia y gobernación hicieron renunciar a aquellos líderes
recalcitrantes, tiranos y autoridades incompetentes; destituidos de sus
gobiernos, persiguiéndoles y enjuiciándoles, volviéndolos parte del pasado.
Este Orden impuesto en el mundo, lo llamaban Global World o Mundo Global. Los
cargos presidenciales y los primeros ministros, fueron reemplazados por el
cargo de “líderes” con el sólo deber de servir a los estados federales, a los
nuevos Sectores creados. No existía
objeción, sino aceptación ante las normativas globales.
Las acciones de rebeldía en
la que tantas veces el ego humano había llevado a la creación de estados
terroristas, o proliferación de mafias y espionajes encubiertos estaban siendo
erradicados. Los terroristas químicos y piratas cibernéticos siempre eran perseguidos
cruelmente; fusilados, y si no, sometidos
a las rutinas de trabajo forzado como viles condenados a perpetuidad en las
ciudades - cárceles. Salvo los casos de
genocidios, donde no había perdón para ellos. Cualquier acusado sea en delitos
comunes, o de extrema repugnancia ocasionando la muerte de más de dos personas
o decenas de ellas, era ejecutado inmediatamente. Una forma de sentencia hacía
que las cosas funcionaran bajo el amparo de las nuevas leyes. Si para el mundo
y el derecho internacional, antes representaba esto su gran temor, ahora
simplemente lo asimilaban como el cambio. Parecía que una paz se respiraba en
el orbe y los delitos y asesinatos habían bajado considerablemente.
Los ejércitos de cada
nación habían sido disueltos y pasaron a conformar la policía del mundo, conformada
por ex soldados y agentes policiales de conducta intachable y proba. Ello trajo
consigo la erradicación de todo elemento corruptible dentro de la institución;
se depuró la conciencia de los nuevos aspirantes. Los no alineados al nuevo
sistema incorruptible de la policía, se les negó toda posibilidad de ser
admitido si su perfil era proclive a la degradación moral. El nuevo cuerpo de
la policía global, asumió así su papel de protector de la sociedad, presentes en
todo lugar.
Bajo este cambio mundial,
se crearon muchas unidades ejecutores o caza bonificaciones para la eliminación
del mal, la amenaza real a la ciudadanía. Unos vivían sin remordimientos por el
buen oficio de liquidar personas, esperando su recompensa después de cada
misión; se les había lavado el cerebro en la academia policial, otros vivían acostumbrados
al filo del peligro. El abismo y la muerte no les atemorizaban en modo alguno. Aumentar
las ansiadas arcas de bonificaciones significaba todo para la mayoría de
ejecutores.
Y ser un ejecutor para
Mallord Britez le significa su vida misma; fiel amante de la justicia,
frustrado ex músico, un capitán de la desaparecida clase media Limeña, en la
que su ascenso le representaba tener licencia para todo, sentir el poder de
enfrentar a la vida, con la fuerza de las armas y sobretodo, sentirse seguro
después de haber experimentado la violencia décadas atrás. Hacia veinte años
que estaba trabajando rutinariamente persiguiendo a los indeseables sueltos a
los que escapaban de centros de encarcelamiento mundial: Black Islands. Así
denominaban éstas cárceles lejos de la ciudad e instaladas como colonias en
Islas acondicionadas para la hez de la sociedad. Una labor por demás angustiante,
que en los últimos años su ardor combativo decayó muchas veces en cada misión
de riesgo. Él amaba su vida, aunque a veces también la había despreciado en
medio del peligro; cuando a su mente venían los conflictos internos sobre la
vida y la muerte. Constantemente se repetía “¡si muero, muero! hecho esta” Sin embargo, cuando más pensaba en
ello, nada le sucedía, por el contrario, los perseguidos caían heridos y
ejecutados sin misericordia. Estas acciones le llevaron a sufrir de ansiedad en
la que a veces no podía controlar, por más esfuerzo de recurrir a su vasta
experiencia en el control de las emociones que atentaran con el rol de cumplir
sus deberes sin remordimientos, más complicación tenía anestesiarlos. Sus
enfrentamientos se volvían cosas de rutina donde el peligro no estaba ausente. Como
policía, valoraba en extremo, su bienestar físico. Una mutilación, o, vivir en
estado vegetativo después de una balacera nada favorable a sus compañeros
cercanos, lo mantenían tenso y de mal humor
después de un enfrentamiento, donde le habían llovido balas, roces de puñales,
ataques inesperados, en las cuales lo había expuesto a la desfiguración o salir mal
herido; todo ello, hacía que temiera por su estado físico. La idea de que otro pudiese
ocupar su lugar, o descontar sus créditos, sin postular a ascensos inmediatos a
jurisdicciones policiales más grandes, lo mantenía preocupado.
Sus honorarios e incentivos
en el área de ejecutores aumentaban con cada misión; estas misiones riesgosas lo habían vuelto frío, acostumbrado a la tarea de perseguir, matar y cobrar. Tantos
años, ahorrando los frutos de su esfuerzo; para vivir en un departamento pequeño al que había amoblado fiel a su peculiar
estilo de hispter de los años ´20. Aunque,
pronto pensaba comprarse una casa grande en el sitio que siempre había soñado, frente
al mar, donde las olas rompían entre las rocas; allí en un balneario recóndito de
las costas del Caribe, sueño que no le parecía tan lejano; lejos de la
contaminada metrópolis de Lima City. Sabía que su sueño sólo sería posible con
sus incentivos, debidamente sustentados como trabajador de la Global Police.
Sin embargo, la escasez de viviendas, condominios en zonas departamentales de
la urbe, o cualquier suburbio de la Nueva América se debían a la baja demanda y
pocas construcciones familiares. En un tiempo, la idea de construir casas en sitios
no habitados significaba un reto acogedor, con proyecciones financieras
gratificantes, ahora no representaba buenas perspectivas, pues la escasez del
agua mantenía un nivel de venta baja en asuntos inmobiliarios sin precedentes
en los últimos años. El mayor problema para cualquier empresa constructora era
adecuar las instalaciones de agua potable de cada proyecto. Los negocios de
bienes y raíces estaban estancados por excesivos costos de impuestos en las
adquisiciones de inmuebles. Preferían invertir en corporaciones y fábricas
donde no representaba inconveniente alguno para levantar edificaciones
ultramodernas.
Capítulo dos
El
ejecutor
La remodelada avenida
Argentina en la que años atrás había funcionado como zona industrial, repletas
de factorías, empresas manufactureras y tecnológicas cercanas al gran damero de
Pizarro; áreas que en su momento se vendieron al mejor adquirente, dando paso a
la expansión de enormes edificaciones departamentales, condominios cada vez más
altos y de interiores estrechos, siendo uno de estos departamentos, de sesenta
metros cuadrados del proyecto Ciudaris, otorgado a Mallord como recompensa a su
grado de capitán de uno de las unidades de inteligencia de la GP. Habiendo
recibido las llaves de su nuevo departamento amoblado, se dirigió a su nuevo
hogar. Lo primero que notó que el condominio había sido acondicionado sobre una
estructura antigua parecido a la de un motel. Nadie se hubiera percatado, excepto
él, que en una ocasión había entrado en este lenocinio ya desaparecido y
re-estructurado a manera de condominio. Aún podía verse a los ebanistas por los
pasillos que daban acabados finales a algunos departamentos.
Se apresuró a sacar del
bolsillo de su gabán negro la tarjeta con el número indicado de su nueva
propiedad. Subió por las escaleras de escape situada al fondo de los demás
departamentos. En el tercer nivel encontró su apartamento, frente a él colocó
su card en el identificador abriéndose de inmediato la puerta. Todo estaba
oscuro y con fuerte olor a pintura látex. Las ventanas en forma de compuertas estaban
herméticamente cerradas. Buscó el interruptor digital, no lo encontró. Un
fuerte olor a fragancia de lavanda se desprendía del cuarto de baño, odiaba esa
fragancia.
-Luz y calefacción - se encendieron
los elementos. Con la luz de neón reflectiva pudo atisbar mejor el recinto.
Contempló que todo era un solo ambiente. Le gustó. La idea de divisiones no funcionaba
para él. Se dirigió hacia atrás, cerca las altas ventanas templadas cubiertas
con persianas de tendencia oriental que protegían de los poderosos rayos
ultravioleta. Miró a su alrededor buscando una puerta de escape, cuanto más oculta mejor, pensó. Se
encogió indagando por el botón de seguridad. Lo encontró. “Es la salida”. Quería estar seguro que su nuevo hogar, no tuviera
un punto débil donde podía entrar un Mercer de noche y tomar su vida. Vio un
librero y debajo, una alfombra. “Debe ser
la ruta bomber”. Así se denominaba a la ruta de escape al estilo bomberos,
cuando salían apresurados a una misión de apagar algún incendio. En efecto, se
acercó y notó que había una compuerta debajo del tapiz que lo llevaría
seguramente a una salida, tres pisos abajo. La ruta de escape estaba
asegurada.
Lo siguiente era confirmar el
servicio de agua era óptima y saludable en el edificio; si contaba con la
presión necesaria del líquido elemental. Hacía un par de décadas que la presión
en todos los sistemas de agua potable de la metrópolis había bajado
considerablemente. Las construcciones de inmensos condominios y factorías desfavorecían
el medio ambiente ejerciendo la demanda
del agua en todo el Sector 1. El agua
representaba el líquido más apreciado del momento. Las bebidas energizantes estaban con altos precios; no era
negocio consumirlas, salvo, quisiera uno tener el placer de disfrutarla, por su
contenido altamente purificado. Su costo promedio era como la de un trago fino
de un bar. Ya nadie quería los saborizantes artificiales del pasado en la que
muchos se habían vuelto adictas a ellas. Las bebidas simples eran peligrosas y
estaba prohibido su consumo. Por lo que las compañías de bebidas habían cambiado
su forma de destilar y ofreciendo al público
lo mejor. En consecuencia, la Coca cola y la Pepsi y la kola Real se vieron
afectadas, y su negocio de billones de dólares sufrió por la falta del líquido
elemental.
En fin, el sistema de
grifería no era virtual, sino digital, que controlaba automáticamente la salida
del agua. Un vaso de agua de doscientos cincuenta mililitros, una jarra de un
litro cubeta de agua de un galón, o cuatro galones. Así se medía y controlaba el agua en los hogares desde
hacía quince años atrás.
-Un vaso de agua de
doscientos cincuenta - Pronunció Mallord estirando la mano con el vaso en el
dispensador.
Bebió con sumo placer,
disfrutando su primer vaso; luego se recostó en el único sofá que había en su
departamento para observar todo a su entorno. Un librero. “Bien”. Listo para colocar algunos libros físicos y su Tab para
leer los betseller y buscar info básica de expedientes. Una lectora Led HD
virtual a un costado para ver los films en el espacio central del ambiente. No
quiso configurar el sistema Abott, ni escuchar la voz entrometida del sistema,
aún no.
-Canal C por favor - se encendió y un plano se ilumino en colores y las
imágenes tomaron vida en medio de la sala. Los noticieros simplificaban la
orden del día para él; no podía hacer otra cosa que ver las odiosas noticias policiales
y examinar los reportes de la comandancia policial; ver si los ejecutores
estaban haciendo las cosas correctas capturando Mercers y disidentes que estaban libres. Dichos
episodios eran rutinarios e inevitables para
él mismo; quería mantenerse al tanto de todo, así de simple. Mientras cambiaba,
hallaba las mismas noticias de siempre. Le parecía aberrante que las compañías
de televisión, los canales privados fuesen controlados por el sistema de la
Global World desde hacía años; ofreciendo a la teleaudiencia programas puntuales
de ciencia, tecnología, documentales, hechos históricos que a veces carecía de
objetividad, para mostrar los avances del nuevo orden mundial para que la gente
no especulara, ni sospechara nada del cambio. Los programas basuras estaban echadas
al olvido. El mundo cambiaba aceleradamente y su auge científico como su deterioro
ecológico afectaba de alguna forma a cualquier persona en el mundo. Allí,
frente a la pantalla virtual, con sus ojos cansados por la fatiga, con su espíritu
apagado, Mallord buscaba un canal para no aburrirse. Lista interminable de
canales. Apagó “Out”; con los
minutos, lució ensimismado por vagos recuerdos, imágenes plácidas: una sonrisa,
un beso y un adiós; luego, la silueta de un arma, tan fugaz, que apagó su sonrisa.
Su mente se embotaba sin quererlo, con aquellos decrépitos recuerdos de vidas
violentadas. El rostro de cada asesinado
desfilaba con un gesto macabro después del último disparo. Sangre y horror queriendo
olvidarlas por completo. De nada servía las terapias avanzadas de la GP para
que los ejecutores tratasen olvidar los recuerdos post traumáticos. Los
delirios de persecución lo sufrían muchos, no era fácil ejercer un rol de
policía dentro de la sociedad nueva sin verse expuesto uno mismo. Fueron
innumerables noches, en que despertaba con continuas pesadillas debido a
batallas nocturnas que terminaban, en un brinco violento tentando el arma bajo
su cama. Los abismos oníricos bordeaban por ratos los límites de su realidad.
No se sentía enfermo, pues su mente apabullaba todo indicio de ansiedad, los
desórdenes de fatiga no le afectaban. Su conciencia si tenía enfrentamientos,
desvirtuaba la ética y moral reemplazándola con la mortal indiferencia, acto para
lo cual había sido entrenado en la academia de inteligencia. Si bien es cierto
que el bien y el mal existían en toda sociedad desde siglos atrás. Erradicar el
mal que corroía los principios justos o los excesos del orden impuesto, hacía
que socavara sus culpas y conflictos internos. Debía silenciar sus emociones, cual
autómata que cumple con un deber y punto. Su espíritu no había cambiado tanto; pero
añoraba el pasado inmediato antes del Gran Cambio. Su mente daba vuelta en
estos pensamientos y no los podía hundir en el baúl de su mente.
“¡Ya
estoy harto de toda esta mierda! ¡Qué pasa conmigo carajo! La vida se me puede
ir en cualquier momento, sin haber gozado de todas mis bonificaciones. Eso
sería lo peor de todo… Esos malditos YenSol los vengo acumulando buen tiempo y
aún no puedo viajar lejos y salir de toda esta cagada de vida. Si bien este
departamento me cae del cielo, en realidad es pequeño para lo que he buscado
siempre. Juntaré mis bonificaciones, viajaré tan lejos que se les tornará
difícil encontrarme. Podré alcanzar los las afueras de Santiago City o El Salta
Argentino, o me refugiaré en las montañas altas de Carampoma. Bueno, lo último
que podría pasarme, es que, den conmigo aún en Asia Chancay. Nadie sabe nada. Sin
embargo, mejor es que me vean como el tipo común y corriente, huraño y
rutinario al que suelen encontrar por los bares del Queirolo o el Cordano bebiendo
agua de Seltz, esperando que me llamen para ir en busca de un Mercer
desquiciado”.
Alzó su brazo y alcanzó su
bebida energizante. Lo bebió con rapidez y no pudo evitar que se le corriera
entre sus labios carnosos; después continuó con la prueba de los equipos de
audio y multimedia virtual, sintonizó con su voz, la reactualizada “Estación 88.3 FM” de inmediato se
encendió el equipo. El sonido invadió todo el lugar. “volumen medio, sube, sube un poco más, más, queda”. La esbelta
figura de la desaparecida Amy Winehouse
con su recordada letra Black to the Black,
se proyectó en una imagen tridimensional en medio del living. El cuerpo
translúcido de Amy estaba a la altura de sus ojos, parecía que la imagen cobraba vida propia. La minifalda apretada, el
rostro flácido, las ojeras, la sonrisa apagada. Era ella, en tamaño natural,
con el acercamiento zoom. Sólo
faltaba que le abrazará y tomara cuerpo.
-Te extraño Amy, nadie te
comprendió mejor que yo - exclamó Mallord mirando con sus ojos extraviados el
cielo raso de su techo.
Con las canciones en fila,
desfilaron las melodías conocidas de Barry
White; La melodía del amor, en
versión remasterizada 3D, su favorita; vio aparecer a la orquesta de Love Unlimited con aquellas tres voluptuosas
morenas con atuendos setenteros, revividas con el poder de la tecnología
virtual. “Como ha pasado el tiempo”. Le
siguieron los falsetes afiebrados: Más
que una mujer y Fiebre de sábado por la noche de los recordados Bee Gees. Dichas canciones había marcado
la conciencia musical de muchos y la de él. Se sentía atraído y embelesado por
las baladas románticas en inglés, la música disco, el soft rock y el new age de
cincuenta años atrás. Los soundtracks
de la extensa filmografía también eran de su interés. No podía estar ajeno a la
sensibilidad por la música, quizá esto lo mantenía con vida en cada momento
difícil de su vida. Sea que estuviera un volando en un BellHuey, caminando por
la ciudad, o en algún operativo; escuchaba las portentosas melodías de siempre.
Acaso por ello, fue que recibió tres proyectiles. Sólo segundos de distracción,
escuchando su acostumbrada música bastaron para que quedara fuera de combate la
última vez, que si no hubiera sido por la aparición de otro ejecutor, el no
estaría vivo. Pero, aquella vez perdió la recompensa, pero había ganado la
vida. Todo por su música. Nuevamente comenzó a inundar su cerebro de las
composiciones poéticas alicientes de The Doors. Luego, estirándose tentó con sus manos su
maletín y sacó sus baquetas y comenzó a mover sus manos, marcaba el ritmo del
charles y la tarola. Tenía ritmo, pero igual, se sentía un talento frustrado.
Hubiera sido un gran músico de joven si se hubiera dedicado por entero a la
percusión. Sólo rememoraba cuando tocaba entre amigos la poderosa batería. Contaba
la dicha de haber tocado de adolescente una docena de veces en los bares Barranquinos
de entonces, se alegraba en poder recordarlo “Ya pasó”. Elegir por la música no hubiera resultado provechoso con
la economía del mundo afectada por la creciente recesión.
Ciertamente había elegido
por lo más seguro, el conformar voluntariamente el Cuerpo de inteligencia de la
GP, en el momento en que el mundo se caía a pedazos, debido a la Guerra
Terminal que involucró al poderoso estado de Israel con la Liga Árabe en el
convulsionado Oriente Medio, después que el Estado Israelí decidiera atacar y
cometer genocidio y holocausto al Pueblo Palestino. El poder de las armas y la
guerra habían sumergido a los países del suspenso al terror. Después sucedió lo
que habían temido por décadas: Irán y
Corea del Norte enviaron sus misiles balísticos y cruzaron las fronteras del
orden, atacando varias ciudades de Corea del Sur, Japón y Norteamérica. El ataque fallido a Washington
fue lo determinó que USA interviniera en la guerra con la brutalidad y un
escarmiento sin misericordia. La comunidad Europea respondió con firmeza y
parte de la antigua Latinoamérica también hizo lo mismo cerrando sus fronteras,
Perú hizo lo suyo también. Ningún país estaba a salvo; la otrora poderosa Rusia
se mantuvo al margen de todo, ya Putin
en su tiempo, había debilitado todo con Crimea, desmembrando aún más la Ucrania
volviéndola más Soviética. Por otro lado, la guerra química se desencadenó por
los extremistas del oriente que atacaron los puntos débiles de su antiguo
enemigo. La guerra oculta también puso a ciudades enteras en gran peligro, sobre
todo la guerra de “baja frecuencia”; fenómenos meteorológicos aparecieron
sospechosamente devastando ciudades enteras; los muertos se contaban por miles.
La atmósfera fue afectada en muchos cielos del mundo con una lluvia ácida permanente.
Era ineludible que uno pudiera respirar tranquilamente sin que se viera
afectado por las infecciones que terminaban en la proliferación de enfermedades
pulmonares, cáncer y la muerte. En cuanto al espinoso ámbito político, USA se había
debilitado con los años, su política imperialista declinó a favor de China que
estaba respaldada siempre por Rusia y la India y los enemigos del poderoso
estado Yanqui. Inglaterra se desgastó también y los países europeos se sumaron
a la derrota política, las potencias ascendentes impusieron su voluntad de
conformar: Una sola ley y una sola constitución en pro de la existencia humana.
Como nunca la China Comunista disolvió su obsoleta política socialista y el comunismo
quedó fuera, aplicaron el pacifismo inteligente de sus antecesores milenarios.
Las religiones del mundo se unieron para dar paso a una religión libre sin
poder alguno y electiva para cada habitante de la tierra. El Mundo Global se
unificó en siete regiones continentales. Así nació la Nueva América. Israel
pasó a conformar el Oriente Unificado junto con los musulmanes. Los partidos extremistas
y fundamentalistas como los Sionistas, Hamas, Hezbollah, Al Qaeda y tantos
otros nefastos, fueron allanados del poder y erradicados de todo el Sector
Oriental. El terrorismo de Estado que antaño algunos países practicaron quedó
desarraigadas por las fuerzas de ocupación de la GF o Fuerza Global. De seguro
se hubiera derramado mucha sangre, sino hubiera sido por la alta tecnología
para encontrar a los grupos terroristas hasta desarraigarlos. Líderes ávidos de
poder y malos gobernantes que habían derramado sangre fueron destituidos,
sentenciados y aniquilados por la Corte Global de Justicia. Los tiranos genocidas
y líderes culpables entre chechenos, musulmanes, somalíes, judíos, americanos, venezolanos,
serbios y de otros estados africanos, sufrieron la muerte inmediata en cámaras
de la muerte. Todo gracias al perfeccionamiento de un satélite denominado K-2,
que rastreaba y ubicaba a todo perseguido y culpable ante la justicia nueva con
la interconexión del sistema de drones. De esta forma se eliminó a los enemigos
de la humanidad. Se había establecido el orden mundial con nuevas leyes que ayudaron
al desarrollo de la humanidad. ¡Justicia
nueva! gritaban a los cuatro vientos los pueblos del mundo. Nuevos cargos,
gobernaciones, estados y autoridades, con una nueva policía que se encargaría
del orden y el bien común en la emergente sociedad.
Y Mallord había tomado la
mejor decisión; en la Global Police forjó allí su carrera, que le significó su desarrollo
profesional con beneficios para su vida. Después de su graduación y sus ascensos
no le importó ser destacado en varios Sectores de la unidad de ejecutores, una
unidad muy cuestionada con el fin de perseguir y matar indeseables. Por eso,
luego de veinte años pudo lograr que tuviera dos apartamentos en ciudades
distintas, uno situado en un lugar en secreto y pocas veces visitado, el otro recién
otorgado por premiación, en el que escuchaba ahora su música hasta el cansancio.
Y pensando en sus recuerdos, en su vida, se durmió en el cómodo sofá verona.
Capítulo
tres
Ser
policía en Lima City
La GP tenía sedes en todo
lugar del mundo, conformadas por compañías de ejecutores de la red de
inteligencia en diversos Sectores del mundo. Una principal en cada metrópolis y
de allí sus derivaciones jurisdiccionales. Mallord estaba destacado en la zona
sur de la Nueva América o los estados de América del Sur. Como representante de
la policía global era especialista en ejecuciones, no se consideraba por ningún
motivo un asesino de asesinos. Más bien, se calificaba a sí mismo como fiel
cumplidor de la ley en beneficio de una sociedad justa, sin criminal alguno.
Apreciaba su oficio, como si fuera el mejor empleo del mundo. Sin embargo,
entendía bien que la sociedad, las personas de buena conciencia lo consideraba en el fondo un caza-recompensas, amparado
por la justicia y el orden imperante. Esto quizá, no le importaba al resto de sus
colegas que ejercían su labor sin preocupase en absoluto, si les tildaban de viles
mercenarios.
Existían los programas de
la conciencia y otras las capacitaciones secretas donde se les inculcaba que la
idea matar era cosa común, que la piedad humana no existía, puesto que el
sufrimiento en la historia del hombre siempre había existido. Los siglos con
sus cruentas guerras eran el fiel testimonio de ello. “El dolor de una persona, no es tu dolor” era el lema más conocido,
“soporta el dolor lo más que puedas”,
tanta doctrina policial que aprendió por soslayar la conciencia, la ética entre
el bien y el mal. “Lo bueno de ser
policía en el siglo XXI es el beneficio”
se repetía a menudo. La vida y desenvolvimiento de la nueva policía estaba
sustentada por un estatus de vida distinto, en relación cuando años atrás se
les cuestionaba todo, siendo los peores pagados del mundo terminaron
corrompiéndose, denigrando su carrera con la misma delincuencia al que perseguían.
Tarde o temprano tenía que hacerse algo al respecto; ello sucedió cuando
cambiaron las leyes jurídicas, constitucionales y judiciales de la Global World.
Intervinieron todo radicalmente y manteniendo la paz en cada rincón del mundo. La
carrera de abogacía y de leyes, dignas en un tiempo, decayeron y se fusionó con
Leyes y Humanidades en los Centros de Estudios y universidades. Los antiguos abogados,
magistrados y jueces con su respetado oficio no se les valoraban como antaño,
con aquella ridícula consideración excesiva: “Excelentísimo juez, prestigioso abogado”, pues después de todo, siempre
habían estado inclinados a la corrupción, manipulando con sus poderes y
absoluciones nefastas. No existían por tanto, leyes que respaldaran ahora su libre
desempeño, sus oficios decayeron y optaron por otras competencias para asumir
nuevos cargos. Las leyes habían sido observadas, sustentadas e impuestas por el
Líder de Paz que había tomado la rienda del poder de la GW; posible bajo el
aval de las superpotencias mundiales, e intervención de líderes pacifistas y religiosos.
Los poderes militares estaban ahora sujetos bajo su mando; sin embargo, no se
hacía ver él mismo como un militar y tirano, sino como un Líder humilde y
ponderado que vestía sotana blanca como en el tiempo de los Helenos,
rememorando los tiempos gloriosos de la Antigua Grecia, presentándose como un
líder espiritual de marcada influencia budista.
Dirigía la GW con la majestuosidad de un ser elegido para el bien de la
humanidad, habiendo establecido líderes en cada uno de los continentes, así
como refundar las satrapías y dividir al mundo en Sectores. Asimismo, propuso
reunificar a la policía en una sola que vigilara todas las metrópolis
existentes. Así nació la GP que tomó el
renovó sus comandancias y destacamentos policiales, sujetos a capacitaciones de
primera clase, especializaciones y pruebas que ayudaban a mejorar la vida los
policías. Las comandancias policiales se unieron en conjunto a las fuerzas del ejército,
así se conformó una sola Fuerza Global, reorganizadas contra la lucha interna y
externa, dicha Fuerza, defendería a la tierra ante cualquier amenaza existente
en el Universo. Además su función primordial sería establecer un orden espacial
tanto en la Luna como en Marte; consolidando
la protección de las pequeñas colonias, conformada gente millonaria que había
asegurado su pasaporte al espacio pocos años atrás y en la que se unieron gente
preparada para la colonización tan
ansiada por el ser humano.
Ahora bien, el departamento
policial contra el crimen en Lima City estaba interconectado las veinticuatro horas
del día, todo el año. Mallord no podía escapar ni de la misma red infinita que lo
unía con otras redes internacionales del crimen. La comandancia de la Global
Police, lo había hecho llamar muchas veces ordenándole retirar a los
indeseables de mafias y redes ocultas en la Nueva América; acaso porque cumplía
eficientemente cada misión asignada. Su intuición nunca le había fallado; tener
ese olfato de cazador paciente ante la presa corralada, le valió varias
medallas de plata en la unidad de ejecutores. Barría cual basura inmunda que
aleja uno, a los viles asesinos, gente cruel perseguida justa o, quizá obedeciendo
injustamente al sistema que ordenaba eliminarlos para finalmente llevarlos a
las fosas de cadáveres de un olvidado cementerio asignado por las satrapías.
Ese instinto frío y calculador necesitaba a su vez de accesorios sofisticados: un
lente especial infrarrojo de última generación, un buen arma automática de alta
potencia, un card de múltiple identificación, tener una licencia para estar en
todo lugar y sobretodo llevar un lector de microchips incorporado en su móvil con
los últimos datos del perseguido, para su posterior captura y eliminación; todo
ello eran factores claves para el éxito de sus misiones.
Los indeseables que
lograban escapar se les llamaban Mercers; se les monitoreaba por una red de espionaje
satelital tipo GPS avanzado hasta cazarlos a toda costa, sumado a la intuición
y habilidad del ejecutor para encontrar a los asesinos inteligentes. A la
mayoría se les consideraba portadores del MOAO, el conocido gen guerrero de la
violencia, que se asociaba con la gran capacidad de manejar o explotar el grado
de violencia. Por este motivo, los presos considerados de alta peligrosidad tenían que ser vigilarlos continuamente en cada
actividad dentro y fuera de las Black Islands hasta el momento de su captura o
muerte.
Muchos de los Mercers se
mostraban inconformes y rebeldes para enfrentar los retos de la vida, y debían
soportar el trabajo impuesto en prisión. Sin embargo, el anhelo de libertad
representaba el eje necesario para cualquier fuga. Había asesinos confesos,
otros lo fueron sin querer serlo. También proliferaban los delincuentes extremos
y depravados; de otro lado, los intelectuales expertos en ingeniería
biomecánica, redes de sistemas, otros con un grado preparación universitaria
que buscaban, contrariar lo establecido, preconizar la libertad como fin
primordial de la existencia. El simple hecho de que socavaran sus ideas
liberales, para sí mismos, quizá justas, hacía de ellos individuos
potencialmente peligrosos.
El deseo vehemente de un
Mercer consistía en ser libres a toda costa, quizá con justa razón y vivir una
vida con cierta holgura, sin tener la paridad impuesta de vivir con la
austeridad cargada a sus espaldas. Dueños de una individualidad, quizá egoísta
o no, hacía que la sofisticación y la paciencia fueran aliadas para cualquier
escape.
Una década atrás, la Global
Police disponía ya de naves y automóviles de última generación; carros turbo de
múltiple tracción. La novedad se los llevaba los BellHueys carrozas aéreas dos
pasajeros, concebidos a propulsión eléctrica y solar traídos desde la CEA
(Confederación de Estados Americanos antes USA) que se parecían un poco al
diseño a los helicópteros Apaches, solo por su forma de elevarse y forma estructural,
sin ser artillados, ni contar con rotores para su impulso. Cumplían a cabalidad
la interminable labor de alcanzar a los indeseables en donde estuviesen. El recientemente
creado satélite K-2, podía seguir la señal y localizar rápidamente a cualquier prófugo
a través de miles de drones super inteligentes distribuidos en todo el mundo. El
ejecutor que lo buscaba recibía en su móvil la señal de alerta del poderoso
rastreador espacial; luego se encendía la luz naranja: señal de advertencia y
analizar las coordenadas exactas hasta encontrar y retirar al Mercer. Misión cumplida,
recompensa asegurada.
La nueva sociedad y su
justicia, ahora caminaba segura en favor de los habitantes. El crimen había
bajado a sus niveles más bajos. No podía existir un crimen perfecto, tarde o
temprano siempre se hallarían a los culpables de estar confabulando en contra
del sistema. Se desbarataban las coartadas y hechos de sedición. La
delincuencia común la que antes tenía amenazada a la sociedad y al borde del
colapso social, estaba casi extirpada, pues se eliminaban a diario a viles
indeseables en enfrentamientos eficaces. Los capturados enfrentados a juicio y
presidio inmediato, sin pérdida de tiempo. Por consiguiente, la erradicación de
lacras de la sociedad y su eliminación en caso escaparan, era una labor
titánica para las comandancias de cualquier metrópolis del orbe. Sin embargo, no
era cosa común ver que un Mercer escapara y se estableciera como un ciudadano
común en cualquier parte, ocultándose con argucias y sofisticadas redes,
viviendo en la clandestinidad. Un escape exitoso significaba estar aglutinado
de paciencia y haber estudiado la dura rutina carcelaria; muchas horas de planificación
casi al milímetro, encontrar un error humano para aprovechar las circunstancias.
Solamente se reportaron casos aislados de Mercers que sí habían logrado escapar
del rastreo satelital por medio de una suplantación precisa, circunstancias
aisladas, quizá por la deficiencia del chip de identificación en el cuerpo de
reos. Se requería ser muy calculador para alcanzar el ansiado escape en cuestión
de valiosos segundos. La amenaza extrema constituía porcentajes menores y
controlados. Los facinerosos del pasado, después de la Guerra Terminal, estaban
recluidos por cientos de miles en todas las Islas del mundo. Los familiares de
los sentenciados que protestaban en las cortes de justicia, estaban controlados.
Sólo tenían el derecho de obedecer la ley impuesta en el nuevo orden. Era fácil
imaginarse que las pandillas centroamericanas donde antaño hicieron lo que
quisieron en la otrora Norteamérica, los Gethos de Sudamérica; como aquellos
antros de delincuentes de las favelas de Brasil, estaban sujetas con el rigor
máximo y la fuerza del orden. No había opción de desarrollarse como delincuente
común en la sociedad mundial. Quienes optaban por este camino abyecto, estaban
recluidos, sentenciados a programas de extremo trabajo; si no demostraban
indicio de reinserción social, se les sometía a un estricto programa de control
mental en centros secretos de la GP; quizá ante esto, los malvados más
radicales preferían la opción del suicidio. Hubo muchos casos de bandas y
pandillas enteras que descansaban en el limbo de los suicidas.
“Uno
menos, cientos menos”, se pregonaba en la sociedad, el mundo se alegraba de
no tener ese tipo de gente vil y asesina, por más totalitarismo que existiese, disfrazado
de una Era de paz. Los derechos humanos estaba reservado para la gente justa y
que buscaba la justicia, no para los disidentes, terroristas, ni delincuentes, gente
execrable para la sociedad
En Lima City, a corta
distancia de su costa estaba la Isla San Lorenzo, una colonia de Indeseables,
donde todo tipo de presos, extremistas, políticos, asesinos y violadores,
cumplían penas forzadas como tareas de ensamblaje y construcción de paneles
solares anti-reflex, plasmas anti Rayos UV. Otras áreas estaban asignadas con
el objetivo de crear soluciones en base al uso de cloro y otros minerales anti salobres
que combatían la contaminación directa del elemento líquido más costoso: el agua.
Todos trabajaban, sin jornal alguno, salvo comida, descanso y conmiseración de
pena si acreditaba tener conciencia de lo que había hecho en el pasado y haber
probado un arrepentimiento genuino por las faltas, errores y hechos cometidos. Las
penas no se reducían en años, sino en días. No era como antes, cuando se
reducían en espantosas penas en dos, cinco, diez, quince años menos. Un tercio
y toda esa idiotez. La máxima reducción de penas era de tres años. Se
estableció que cada reo cumpliera el máximo la pena impuesta o morir en
prisión. No existía otra opción. Quizá por ello, los índices de criminalidad se
habían reducido considerablemente. Las condiciones de trabajos, por su parte,
eran insoportables para algunos presidiarios acostumbrados al ocio y la vida
fácil. La degradada generación de asaltantes, estafadores, asesinos, así como
los asquerosos violadores, tratantes de mujeres y niños, que antaño desencadenó
en la esclavitud sexual, estaban severamente penados, nadie sentía misericordia
de ellos. Las Black Islands constituían el fin de la actividad de los
proxenetas y mafiosos del sexo. Cadena perpetua sin apelación y conmutación de
penas estaba reservada a estos indeseables. No existía pena de muerte para
ellos salvo casos en la que hubiesen cometido homicidio premeditado. El trabajo
forzado, extremo y obligado, sin paga alguna, siendo la única oportunidad para vivir
y terminar sus días. Más que regeneración, era la esclavitud misma, un duro
castigo. La GW había decidido una generación atrás sobre la vida del preso y su
infierno de esclavitud aquí en la tierra. Dichos trabajos forzados, no se
comparaban como en los tiempos victorianos donde les imponía injustamente cumplir las tareas hasta el cansancio físico,
al desgaste espiritual, o, aquella forma de esclavitud aberrante y degenerativa
impuesta por los antiguos traficantes portugueses y españoles. No, esto no era
como los siglos pasados. La ley había sido modificada para que los indeseables
del siglo XXI trabajasen para el mundo; creando y cumpliendo labores de preservación
de la vegetación, promover el sostenimiento, conservación del agua y energía, escasez
recursos biológicos, valorados como nunca en beneficio de la especie humana. No existía para ellos descanso, solo una hora
de refrigerio entre mañana y noche, dos horas de lectura o relax, cinco horas
de descanso nocturno y dieciséis horas de trabajo obligatorio todos los días que estuvieran presos.
Asimismo, las festividades mundiales
estaban prohibidas para estos hombres sin derecho.
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